Una pesadilla sin fin


¿Qué ocurrió en la Sapphire de Orlando? El martes 12 de mayo, el director general de SAP, Christian Klein, subió al escenario de la ponencia inaugural e intentó convencer a la comunidad de SAP de su visión muy personal sobre la inteligencia artificial. Con su nueva palabra favorita, „autónomo“, esbozó la imagen de una nueva SAP. Christof Kerkmann, redactor del diario alemán Handelsblatt, estuvo en Orlando e informó, entre otras cosas: „El mercado de capitales tampoco parece del todo convencido. Las acciones de SAP solo reaccionaron a la gran feria de productos el jueves y el viernes con ligeras subidas. El entorno de mercado era difícil; otros fabricantes de software también registraron pérdidas. El impulso no fue suficiente para desmarcarse claramente de la tendencia negativa“.“
Tras la apuesta por la computación en la nube, Christian Klein intenta ahora, con la IA, que la cotización bursátil de SAP vuelva a alcanzar su máximo histórico de 280 euros. La evolución de la cotización bursátil desde el día de la ponencia de Christian Klein en Orlando resulta reveladora, como se puede ver en el gráfico: las expectativas al comienzo de la ponencia de SAP el martes a las 14:30 hora europea eran muy altas. La expectación fue en aumento, pero al cabo de media hora quedó claro: aparte de eslóganes vacíos como „Autonomous“ y, por supuesto, la IA, no había mucho más que contar. La cotización volvió a caer, hasta un valor que representa casi exactamente la mitad del máximo histórico alcanzado en su momento.
Así pues, el grupo de software SAP, con sede en Walldorf, está llevando a cabo actualmente, bajo la dirección de su consejero delegado Christian Klein, un giro estratégico casi vertiginoso y precipitado de la nube a la IA que, si se analiza con detenimiento, suscita profundas dudas sobre la solidez técnica de la empresa. Impulsado por el temor existencial de los mercados financieros a que gigantes ágiles de la IA, como OpenAI o Anthropic, puedan dejar obsoleto el modelo de negocio clásico y manual, Klein ha enterrado ya, en la conferencia de clientes Sapphire celebrada en Orlando, la „arquitectura North Star“ de SAP Business Suite, que apenas un año antes había sido aclamada con gran entusiasmo. En su lugar, surge ahora la nueva visión, fuertemente impulsada por el mercado bursátil, de la denominada „Autonomous Enterprise“, con la que Christian Klein pretende apaciguar la enorme presión innovadora de los inversores y demostrar que SAP no quedará relegada a un mero proveedor de datos en la era de la IA generativa.

En la feria interna Sapphire, el director general de SAP presentó esta empresa autónoma como una visión revolucionaria en la que, en el futuro, los asistentes y agentes digitales gestionarán de forma autónoma procesos empresariales complejos en tan solo unos días, en lugar de semanas.
Para impulsar esta evolución, Klein no solo anunció en Orlando la activación inmediata de más de veinte asistentes de IA, sino que también creó un fondo de desarrollo de más de 100 millones de euros destinado a apoyar económicamente a clientes y socios en la adaptación y el desarrollo de nuevos agentes de IA a través del entorno de desarrollo gratuito Joule Studio.
Sin embargo, el anuncio más polémico y, al mismo tiempo, más importante para la comunidad de SAP en la Sapphire fue una capitulación estratégica fundamental por parte de Klein: Tras las protestas masivas de las asociaciones de usuarios, se retractó de su rígido dogma de «solo en la nube» y admitió que las futuras innovaciones en inteligencia artificial, a través de conectores, también estarán disponibles para los clientes de S/4-On, lo que supone un cambio radical respecto a la política de chantaje aplicada hasta ahora.
En Orlando, el director ejecutivo Christian Klein abrió su discurso inaugural con la vaga promesa de salvación „The Beginning of Better“, con el fin de convencer al mundo de las tecnologías de la información allí reunido de que se avecinaba una era aparentemente nueva para el software empresarial. Sin embargo, si se analiza con detalle, tras este eslogan tan pulido se esconde el miedo existencial más puro del grupo de Walldorf a quedar marginado, en esta era vertiginosa de la inteligencia artificial, por las ágiles startups de IA y los gigantes tecnológicos.



