La devaluación silenciosa de los mandos intermedios


La inteligencia artificial está transformando la lógica económica según la cual se han organizado las empresas durante décadas. Esto ejerce una presión especial sobre un nivel que durante mucho tiempo se ha considerado la columna vertebral indispensable de las grandes organizaciones: los mandos intermedios.
¿Qué tipo de liderazgo se necesita?
Esto no significa que el liderazgo pierda importancia. Al contrario: el liderazgo cobra mayor relevancia. Pero el tipo de liderazgo que las empresas necesitarán en el futuro difiere fundamentalmente del modelo que ha caracterizado a muchas organizaciones. Durante décadas, el nivel directivo intermedio tuvo una función clara. Conectaba la estrategia con la ejecución operativa, coordinaba equipos, preparaba decisiones, sintetizaba información, consolidaba informes y se aseguraba de que las organizaciones complejas siguieran siendo gestionables. Este modelo tenía sentido en un mundo en el que la información era lenta, estaba dispersa y resultaba difícil de analizar.
La IA genera recursos libres
Precisamente este requisito está desapareciendo en estos momentos. Los sistemas modernos de inteligencia artificial pueden analizar grandes volúmenes de datos en cuestión de segundos, evaluar el estado de los proyectos, poner de manifiesto los riesgos, planificar recursos, elaborar previsiones, sintetizar los flujos de comunicación y preparar opciones de decisión. Las tareas que antes requerían una capacidad de gestión considerable se automatizan, se agilizan o, al menos, se simplifican notablemente. Esto transforma el papel económico de muchas funciones de gestión.
El nivel intermedio de la organización es el más afectado. El debate público sobre la IA suele centrarse en las actividades operativas o en los puestos de expertos altamente cualificados. Sin embargo, la mayor presión estructural surge allí donde se transmite la información, se organizan las coordinaciones, se supervisan los procesos y se preparan las decisiones. Precisamente este trabajo se basa, en gran medida, en el procesamiento del conocimiento. Y es precisamente ahí donde la IA desarrolla su mayor fortaleza. Muchos puestos de la dirección intermedia se crearon históricamente para hacer manejable la complejidad. Cuanto más crecían las empresas, más niveles se necesitaban para mantener la comunicación, el control y la gestión.
Los mandos intermedios como mediadores
El nivel directivo intermedio era el enlace entre la dirección ejecutiva y la realidad operativa. Filtraba la información hacia arriba, trasladaba la estrategia hacia abajo y mantenía el equilibrio de la organización. Sin embargo, ahora que la información está disponible en tiempo real y se puede analizar y priorizar, una parte considerable del trabajo de coordinación clásico pierde el valor que tenía hasta ahora. El efecto quizás más importante de la IA sigue siendo subestimado: reduce el coste de la complejidad. Lo que antes requería niveles de gestión adicionales, cadenas de información, rondas de coordinación y órganos de control, ahora puede ser respaldado o asumido cada vez más por sistemas inteligentes. Esto pone bajo presión a modelos organizativos que durante décadas se daban por sentados. No por razones ideológicas, sino económicas. En los últimos años, muchas empresas se han optimizado menos en función de la rapidez que de la capacidad de control interno. Durante mucho tiempo, esto fue aceptable. En una economía impulsada por la IA, se convierte en un riesgo.
Tres millones de personas afectadas
Los estudios del McKinsey Global Institute ya muestran que las actividades basadas en el conocimiento, administrativas y de coordinación se verán especialmente afectadas por la IA generativa. En el caso de Alemania, McKinsey prevé hasta tres millones de cambios laborales de aquí a 2030, lo que equivale a alrededor del siete por ciento del empleo total. Según el estudio, hasta el 54 % de estos cambios laborales previstos corresponderán a tareas administrativas de oficina. Al mismo tiempo, el uso acelerado de la IA y otras tecnologías podría automatizar, para 2030, alrededor del 30 % de las horas de trabajo actuales y permitir un aumento de la productividad de hasta un 3 % anual. No se trata, en primer lugar, de sustituir por completo a las personas. Lo decisivo es el salto en la productividad. Hoy en día, un equipo más reducido con el apoyo de la IA puede realizar tareas para las que antes se necesitaban estructuras mucho más grandes. Un empleado cualificado que cuente con las herramientas adecuadas asume tareas que antes ocupaban a varios coordinadores, analistas o gestores de proyectos. Los análisis internacionales también llegan a la conclusión de que la IA, sobre todo, transforma, complementa y redistribuye las actividades, sin que ello implique necesariamente la sustitución completa de profesiones enteras.
¿Qué roles habrá?
De ahí surge precisamente la crisis silenciosa de los mandos intermedios. Muchos directivos siguen dando por sentado que la IA les servirá, sobre todo, de apoyo. En parte es cierto. Pero las empresas se plantean cada vez más una pregunta mucho más fundamental: ¿qué funciones aportan realmente valor y cuáles existen principalmente para gestionar la complejidad interna? Para muchos puestos de mandos intermedios, esta es una pregunta incómoda. Y es que, si la esencia de un puesto consiste en recopilar, transmitir, coordinar y controlar información, dicho puesto se ve amenazado por la IA. Esto no significa que las empresas ya no vayan a necesitar directivos en el futuro. Pero sí necesitarán otro tipo de liderazgo. Menos administración, coordinación y jerarquía, y a cambio más responsabilidad, orientación y rapidez. Al directivo del futuro no se le juzgará por el número de reuniones que modere, los informes que reenvíe o los procesos de coordinación que organice. Se le juzgará por su capacidad para aportar claridad, tomar decisiones, desarrollar a las personas, gestionar la incertidumbre y hacer posible el cambio.
IA: más que una cuestión tecnológica
Esto supone un cambio en el concepto de liderazgo. Las funciones puramente de control y gestión pierden importancia. El pensamiento estratégico, la capacidad de toma de decisiones, la inteligencia emocional, la competencia interdisciplinar y la capacidad de adaptación cobran mayor relevancia. El informe «Future of Jobs» del Foro Económico Mundial también describe un cambio significativo en las competencias para los próximos años: el pensamiento analítico, la resiliencia, la flexibilidad, el liderazgo, la capacidad de influencia social y la competencia tecnológica siguen ganando importancia. Precisamente por eso, el nivel directivo intermedio se convierte en el punto neurálgico de la transformación. Es ahí donde se decide si las empresas se vuelven más rápidas, más capaces de aprender y más productivas, o si se aferran a estructuras creadas para otra época.
Muchas juntas directivas siguen tratando la IA como un proyecto tecnológico: como la implantación de una herramienta, un programa informático o una iniciativa de eficiencia. Se trata de una visión demasiado limitada. El verdadero reto es de carácter organizativo y cultural. La IA obliga a las empresas a cuestionar su propia estructura. ¿Qué niveles son realmente necesarios? ¿Qué procesos de toma de decisiones son demasiado largos? ¿Qué coordinaciones generan valor y cuáles solo generan fricciones? ¿Qué funciones contribuyen a la viabilidad futura de la empresa y cuáles se limitan a estabilizar un sistema cuyos cimientos están desapareciendo?
Por lo tanto, la verdadera disrupción no es técnica, sino humana. La IA está transformando los modelos de carrera, las lógicas de estatus y las estructuras de poder. Pone en tela de juicio los fundamentos sobre los que se ha basado el liderazgo hasta ahora. Quienes hayan basado su valor principalmente en la ventaja informativa, el control de procesos o la mediación organizativa tendrán que redefinirse. Por el contrario, quienes ofrezcan orientación, asuman responsabilidades y guíen a las personas en tiempos de incertidumbre cobrarán más importancia que nunca.
Repensar la organización
Las empresas que se toman en serio esta evolución deben replantearse su organización de forma sistemática. Se trata de reducir la jerarquía, disminuir la burocracia interna, agilizar la toma de decisiones, crear equipos más pequeños y altamente productivos, integrar la IA de forma sistemática y fomentar una mayor responsabilidad individual. La ventaja competitiva decisiva no residirá en el uso puntual de la IA. Residirá en construir organizaciones de tal manera que, gracias a la IA, puedan actuar con mayor rapidez, claridad y eficacia. Para los mandos intermedios, esto supone un punto de inflexión. El nivel directivo intermedio no se limitará a transformarse. En muchas empresas, está perdiendo precisamente su base económica actual. Por lo tanto, la pregunta decisiva no es si se avecina un cambio. Este ya está aquí desde hace tiempo. La pregunta es qué partes de la organización siguen estando diseñadas para un mundo que ya no existirá tal y como lo conocemos. Las empresas más inteligentes se plantean esta cuestión ahora mismo. Las demás lo harán cuando la presión económica sea lo suficientemente grande.



